Algunos episodios de la Guerra de Troya
Concentración de la flota en Áulide
Cumpliendo pues con el Juramento de Tindáreo, el
ejército de Agamenón se reunió, dos
años después del rapto de Helena, en el puerto
beocio de Áulide (enfrente de la isla de Eubea).
Luego de zarpar, atacaron Misia en Asia Menor, en donde
fueron derrotados por Télefo en la batalla del
río Caico.
Algunos años después (quizá ocho), se reunieron los aqueos otra vez en Áulide, apareciéndose Télefo para que lo curaran de una herida que había recibido en aquella batalla. Un oráculo había dictaminado que sólo Aquiles podía curarlo. Los aqueos concedieron este servicio y, en recompensa, Télefo los guió a Troya (véase más abajo: Condiciones para tomar a Troya).
Para que Télefo pudiera guiarlos, debían
los aqueos zarpar de Áulide. Sin embargo, esto no era
posible debido a vientos desfavorables. Frente a este
fastidioso inconveniente, el adivino Calcante
concibió una idea extraordinaria: declaró que
la flota no podría zarpar si primero no se
sacrificaba, en honor de Artemisa, a la más hermosa
de las hijas de Agamenón. Pues de acuerdo con la
profunda perspicacia del adivino, reclamaba la diosa
compensación por haber oído ciertas
irreflexivas palabras que Agamenón pronunciara
mientras cazaba un ciervo.
Se cumplió con este requerimiento mediante
engaños y falsas promesas, de manera de hacer venir
de Micenas a Ifigenia. Y para calmar la impaciencia del
ejército (o como el adivino decía, para
apaciguar a la diosa), se le permitió a Calcante que
llevara a Ifigenia al altar en calidad de víctima
propiciatoria para allí asestarle en la garganta un
corte fatal con su cuchillo, con el fin de domesticar a los
vientos. Esta drástica medida no fue apreciada, y
Aquiles se opuso a ella diciendo:
«¿Qué
cosa es un adivino? Un hombre que dice unas pocas verdades y
muchas mentiras.» (Aquiles. Eurípides, Ifigenia en Áulide 955).
Una vez consumada esta atrocidad, la flota pudo zarpar.
Ténedos
La flota aquea llegó en primer lugar a la isla de
Ténedos, que se encuentra enfrente de la
Tróade. Ahí Aquiles dio muerte al rey Tenes,
pese a que su madre le había advertido que, si eso
hacía, moriría a manos de Apolo, el padre de
Tenes.
Pero así murió Tenes, y como eso ya no podía cambiarse, trataron los aqueos de apaciguar al dios con un sacrificio. Y mientras celebraban la ceremonia, salió una serpiente del altar que mordió a Filoctetes, a quien el ejército debió abandonar en Lemnos debido al hedor de una herida que parecía incurable. Sobrevivió Filoctetes su exilio en Lemnos, matando pájaros con el Arco y Flechas de Heracles 1 (véase Condiciones para tomar a Troya).
Filoctetes no reapareció en el frente troyano sino
en el último año de guerra, cuando Aquiles ya
había muerto.
Emisarios de paz
Al llegar a Tróade (región donde se encuentra Troya), los aqueos enviaron a Odiseo y Menelao como embajadores, a fin de convencer a los troyanos de que devolvieran pacíficamente a Helena y los tesoros espartanos. Los emisarios fracasaron en su intento. La asamblea troyana no sólo se negó a toda devolución sino que además amenazó de muerte a los embajadores. El traicionero crimen fue, sin embargo, impedido, gracias a la intervención de Anténor 1, uno de los Ancianos Dignatarios de Troya.
Anténor 1 apoyaba la devolución de Helena. Durante la guerra fastidió a las asambleas troyanas con su opinión. Cuando Troya cayó, los aqueos mostraron su gratitud y respeto por él, colgando una piel de leopardo en la entrada de su casa, como señal de que no debía saquearse esa residencia. Algunos han pensado que Anténor 1 y sus hijos traicionaron la ciudad al enemigo, y que esa es la razón de que los aqueos lo respetaran. Eso pensaron ... pero los ansiosos de lucha acostumbran a ver traidores y cobardes en todas partes.
De cualquier manera, fracasaron las negociaciones, y muy
pronto se vieron los troyanos tratando de impedir el
desembarco de los ultrajados invasores aqueos.
El desembarco
Al fracasar las negociaciones, se acercaron los aqueos
con su flota. Unidades troyanas ofrecieron batalla en la
playa. Para proteger la costa e impedir el desembarco
recibieron a los invasores a pedradas.
Según Tetis, el primero en desembarcar sería el primero en morir. Este fue Protesilao, el jefe de Fílace en Tesalia. Desembarcó el primero, y luego de dar muerte a varios, cayó muerto a manos de un jefe dárdano, o a manos de Héctor 1, o de Cicno 1, rey de Colonas (ciudad en la Tróade).
Dicen que su esposa no pudo consolarse de su pérdida. Fabricó una imagen de él y tenía relaciones con ella. Al ver esto, los dioses se apiadaron y enviaron a Hermes para que trajera a Protesilao del Mundo Subterráneo. Cuando su esposa lo vio, pensó que había vuelto de la guerra y habló con él durante tres horas. Pero cuando Hermes se lo llevó de regreso al mundo de los muertos, ella se mató de una puñalada, no pudiendo soportar que su marido muriera dos veces. Algunos afirman que se icineró junto con la imagen que había fabricado. Se ha señalado que si su esposa fue Polidora 3 (como algunos afirman), ella sería la tercera mujer en su familia que se suicidó al saber de la muerte de su marido. Así lo había hecho su propia madre Cleopatra 4 cuando Meleagro murió, y su abuela Marpesa 1 al morir Idas 2. Protesilao fue enterrado en el quersoneso tracio.
Cicno 1, haya o no matado a Protesilao, murió asfixiado por Aquiles, pues se decía que era invulnerable y no podía ser herido ni por espada ni lanza. Otros afirman que Aquiles lo mató de una pedrada en la cabeza. Al morir, Cicno 1 desapareció de su armadura, y fue convertido en cisne por su padre, Poseidón. Los troyanos entonces buscaron refugio detrás de los muros de la ciudad, mientras los aqueos llenaban la llanura, iniciando el sitio de Troya.
Destrucción del país
En algún momento, antes o después del
desembarco, los aqueos saquearon otras ciudades. Se menciona
que, luego de desembarcar, Aquiles marchó contra
Eneas, defensor del Monte Ida, que se retiró.
Aquiles penetró en el territorio, tomando Focea
(ciudad de Asia Menor), Colofón (donde Calcante
encontró su muerte después de la guerra) y
Esmirna (ciudad que se dice fundaron las AMAZONAS).
Luego, el incansable Aquiles tomó Tebas (al este del Monte Ida), dando muerte a Eetión 1, padre de Andrómaca. Luego tomó Lirneso, donde capturó a Briseida, matando a su marido. Luego tomó Clazomena, Cime, Adramitio, Antandro, la isla de Lesbos y, según se dice, muchas otras ciudades.
(Véase también el Mapa «Aqueos y Troyanos», en donde se señalan las ciudades tomadas por Aquiles.)
El problema de Criseida 3
Las más relevantes ciudades en esa lista fueron Tebas y Lirneso. No particularmente por su valor estratégico, sino porque en la primera Agamenón capturó Criseida 3, y en la segunda Aquiles capturó a Briseida. Ambas originaron grandes problemas.
Agamenón había pensado en llevarse a Criseida 3 de regreso en calidad de esclava y concubina. Pero su padre, Crises 3sacerdote de Apolo, se apareció bendiciendo a las tropas, en el décimo año de guerra, para ofrecerle al rey de Micenas un generoso rescate a cambio de la libertad de su hija. Los soldados aplaudieron al sacerdote, pero Agamenón rechazó sus ruegos, amenazando al anciano, que abandonó humillado el campamento.
Crises 3, apenas quedó solo, elevó sus ruegos a Apolo, pidiéndole que le hiciera pagar con sus flechas a los aqueos las lágrimas que derramaba. El dios, enterado del ultraje que había sufrido su sacerdote, bajó del Olimpo más negro que la noche (aunque se le conoce como «el luminoso»), y disparó sus doradas flechas contra el campamento aqueo, causando una peste que decimó al ejército.
Reunida una asamblea para discutir la peste, manifestó el adivino Calcante que esa calamidad provenía de la cólera de Apolo, enardecida por los insultos de Agamenón y por su negativa a aceptar el rescate. Oyó eso el rey, y llamó a Calcante «profeta de males», pero aceptó devolver su botín, siempre y cuando se encontrara otro botín que substituyera a Criseida 3. De lo contrario, dijo, él mismo se agenciaría el botín de otro.
La cólera de Aquiles
Al escuchar esa amenaza, Aquiles calificó al rey
de intrigante desvergonzado, acusándolo de llevarse
siempre la parte del león y de aprovecharse de otros
para amasar fortunas y lujos. Agamenón
desplegó entonces su autoridad de comandante en jefe,
respondiendo que de la misma manera como Apolo le
quitó el botín, él le quitaría
el suyo a Aquiles, yendo a su tienda y apropiándose
de Briseida. De esa manera recibiría Aquiles una
lección de poder y dignidad real. Agamenón
cumplió su palabra, ordenando que la trajeran a
Briseida. Fue así que la cólera anidó
en el pecho de Aquiles, sumiéndolo en oscuros
pensamientos y manteniéndolo apartado del campo de
batalla.
Al transformarse las huestes de Aquiles, los
mirmídones, en una masa inerte, los troyanos se
aventuraron fuera de la ciudad y atacaron el campamento
aqueo, que se encontraba ahora detrás de una valla y
una fosa, que los invasores habían construído
para protegerse a sí mismos y a sus naves.
La tregua
Pero antes, ocurrieron otras cosas.
Se intentó que el conflicto se resolviera en un duelo entre Paris y Menelao. Al principio, se mostraba aquel reacio a pelear. Pero ante los reproches de Héctor 1, cambió de disposición. Se propuso una tregua para que lucharan los duelantes:
«Oíd de mis
labios, teucros y aqueos, de hermosas grebas, el
ofrecimiento de Alejandro (Paris), por quien se suscitó la contienda.
Propone que teucros y aqueos dejemos las bellas armas en el
fértil suelo, y él y Menelao, caro a Ares,
peleen en medio por Helena y sus riquezas todas: el que
venza, por ser más valiente, llevará a su casa
mujer y riquezas, y los demás juraremos paz y
amistad.» (Héctor 1 a los dos ejércitos. Homero, Ilíada 3.85).
Y fue aceptada. En la lucha, cerca estuvo Menelao de dar
muerte a Paris. Pero cuando ya lo arrastraba de las crines
de su yelmo, acudió Afrodita a romper el barbijo de
manera que Menelao se quedó con eö yelmo
vacío en la mano. Menelao reanudó sus ataques,
pero la diosa ocultó a Paris en una nube,
transportándolo hasta su propia alcoba en la ciudad.
Ahí se encontró Paris con Helena en una clase
de duelo para el que era más diestro:
«Ven,
acostémonos juntos y seamos felices en nuestro
amor.» (Paris a Helena. Homero, Ilíada 3.440).
Pronto apareció otra diosa, Atenea, buscando a Pándaro 1 para hacerlo violar la tregua. Asumió ella el aspecto de Laódoco 3, un lancero troyano, e indujo a Pándaro 1 a disparar una flecha contra Menelao. La herida que causó fue superficial. La misma diosa protegió a Menelao, y Macaón, hijo de Asclepio, lo curó. Pero las hostilidades se reanudaron.
Afrodita herida por Diomedes 2
A Pándaro 1 lo mató después Diomedes 2, quien también habría matado a Eneas, si Afrodita no hubiera intervenido. Pero en ese trance la diosa resultó herida, y tuvo que entregarle Eneas a Apolo para que éste lo protegiera. Persistió Diomedes 2 en sus ataques, y Apolo le gritó:
«¡Tidida,
piénsalo mejor y retírate! No quieras
igualarte a las deidades, pues jamás fueron
semejantes la raza de los inmortales y la de los hombres que
andan por la tierra.» (Apolo a Diomedes 2. Homero, Ilíada 5.440).
Áyax 1 contra Héctor 1
Áyax 1 y Héctor 1 se enfrentaron en un duelo que duró hasta que los heraldos los separaron cuando caía la noche. Intercambiaron los adversarios regalos, dándole Héctor 1 su espada a Áyax 1 y éste su cinturón a Héctor 1. Tiempo después, cuando la fortuna lo había abandonado, Áyax 1 encontró razones para quejarse así:
« Desde el día que tomé en mi mano este regalo de Héctor 1, mi más grande enemigo, nada bueno he recibido de los griegos. Sí es verdad el proverbio que dice: los regalos de los enemigos no son regalos y nada bueno traen consigo.» (Áyax 1. Sófocles, Áyax 660).
Efectivamente: Áyax 1 le dio a Héctor 1 el cinturón con que Aquiles lo arrastraría, y Héctor 1 le dio a Áyax 1 la espada con la que éste se suicidó.
Ofensiva troyana
Entretanto, no se solucionaban aún los problemas
causados por la negativa de Aquiles a combatir. Zeus le
había prometido a Tetis que honraría a Aquiles
por el ultraje que había sufrido a causa de Briseida.
Les mostraba ahora a los aqueos, mediante la amarga
lección de la derrota, el valor del hombre que
habían ofendido, y dejó que los troyanos se
acercaran a la valla de defensa, amenazando el campamento
aqueo.
Envió Zeus a Iris 1 con un mensaje para Héctor 1, enterándolo de que Agamenón sería herido, y que era esa la señal de ataque para salir matando hasta llegar a los barcos aqueos.
Fue aquella una jornada de gloria y victoria para Héctor 1, mientras se quebraban las defensas y los aqueos huían en desorden entre las naves. Logrado esto, volvió Zeus la vista a otra parte, suponiendo que ninguno de los dioses se atrevería a desafiar su prohibición de que asistieran a nadie en la batalla. Pero percibiendo Poseidón que la atención de Zeus abandonaba el campo de batalla, se acercó a la reyerta, y asumiendo la figura de Calcante, vigorizó el coraje de los aqueos.
Cuando Zeus descubrió lo ocurrido, comprendiendo que hasta la vida del mismo Héctor 1 había estado en peligro, restableció de inmediato la línea de acción que había trazado. Dejó que los troyanos llegaran hasta las naves y que Héctor 1 triunfara, para que fueran satisfechos los ruegos de Tetis. Aún así aguardaba el dios la primera nave que se incendiara, habiendo resuelto que, a partir de ese momento, le concedería gloria a los aqueos y derrota a los troyanos.
Regalos apaciguadores
Al deteriorarse la situación militar,
intentó Agamenón aplacar la cólera de
Aquiles para que volviera a la lucha. Le ofreció
siete trípodes, siete mujeres, siete ciudades y
muchas otras cosas, incluída Briseida, que
Agamenón juró no haber tocado.
Designó Néstor emisarios para que fueran a entrevistarse con Aquiles. Estaban entre ellos Odiseo, Áyax 1 y Fénix 2. Pero regalos, ganancias y riquezas no valían nada en los ojos de Aquiles, para quien la amistad, el honor y el tener un solo semblante, era mucho más importante. Convencido Aquiles de que el rey carecía de medios para aplacar su ofendido corazón, rechazó los regalos del hombre que se había atrevido a cometer contra él el mismo crimen que los aqueos querían vengar en Troya. Pues Agamenón le había robado Briseida, razonaba Aquiles, tal como Paris le había robado Helena a Menelao.
Y como no hubo acuerdo entre Agamenón, que
confiaba en la fuerza persuasiva de las riquezas, y el
guerrero orgulloso de su propio corazón, nuevas
derrotas cayeron todavía sobre los aqueos.
Patroclo 1 es testigo del desastre
Mientras la cólera era dueña de la mente y el corazón de Aquiles, ni los mirmídones ni Patroclo 1 participaban en la lucha. Así sufrían los aqueos severas pérdidas mientras los troyanos amenazaban las naves.
Creyó Aquiles ver a Néstor que cargaba al herido Macaón de Trica (en Tesalia), el hijo de Asclepio, y empezó a sentir compasión por los aqueos. Envió a Patroclo 1 a averiguar si el herido era en verdad Macaón.
Fue entonces que Patroclo 1 conversó con Néstor, quien le rogó persuadiera a Aquiles de volver al combate o de que al menos le dejara combatir a él, Patroclo 1. Néstor lo enteró de los momentos angustiosos que pasaba el ejército, habiendo sido heridos Diomedes 2, Odiseo, Eurípilo 1 y hasta el propio Agamenón.
Se cruzó Patroclo 1 con el mismo Eurípilo 1, que le dijo palabras alarmantes:
«¡Patroclo,
del linaje de Zeus! Ya no hay defensa para los aqueos.»
(Eurípilo 1 a Patroclo 1. Homero, Ilíada 11.825).
Apresuróse Patroclo 1 a volver a la tienda, en donde le rogó a Aquiles, con lágrimas en los ojos, que volviera a la lucha o le permitiera combatir con su coraza, tal como Néstor había sugerido.
Patroclo 1 muere luchando
La cólera de Aquiles había ya perdido la dureza que tuvo al principio. Le dio a Patroclo 1 su armadura, y lo envió a la lucha al frente de los mirmídones, advirtiéndole que se limitara a alejar a los troyanos de las naves aqueas y que de ninguna manera los persiguiera.
Cuando gracias a la intervención de los mirmídones, los troyanos ya se retiraban derrotados, Patroclo 1 desobedeció aquel consejo, y salió a perseguirlos. En medio de la batalla, Apolo golpeó su espalda, haciendo que cayera su yelmo y que se le aflojara la coraza. Euforbo entonces despidió su lanza contra el indefenso Patroclo 1 que ahora se arrastraba herido. Al verlo, Héctor 1 lo remató, envasándole la lanza en el vientre. Muerto Patroclo 1, se llevó Héctor 1 la armadura de Aquiles.
Lucha y muerte de Aquiles
Fue entonces que el dolor de Aquiles superó a su
cólera, haciendo que regresara al combate. Mientras
Tetis fue a buscar una nueva armadura para su hijo,
convocó éste el consejo de los aqueos. Sin
pedir nada a cambio puso fin a su enemistad con
Agamenón. Éste, a su vez, reconoció
haber sido cegado por los dioses y, proclamándose
enmendado, anunció que le pagaría a Aquiles,
como compensación, los siete trípodes, las
siete mujeres, las siete ciudades y los otros estupendos
regalos entre los que se hallaba Briseida, la querida de
Aquiles.
Cuando la nueva armadura llegó, Aquiles salió a buscar a Héctor 1, y luego de matarlo ultrajó su cuerpo con la idea de luego tirárselo a los perros, hasta que, por voluntad de los dioses, aceptó el rescate que le ofreció el rey Príamo 1 de Troya. Y como había sido vaticinado, poco después de la muerte de Héctor 1, Aquiles pereció.
De esta forma lo que Héctor 1el pilar de Troyano había logrado en combate cuerpo a cuerpo, lo logró Paris desde la distancia. Pues fue Paris el que, con armas mejor adaptadas a lo que acaso fuera un carácter menos audaz, puso fin a la vida de Aquiles, hiriéndolo en el tobillo, y vengando así al hermano que una vez lo despreciara.
Muerte de Áyax 1
Al morir Aquiles, fueron ofrecidas sus armas, como premio, al más valiente. Áyax 1 y Odiseo compitieron por ellas, prefiriendo los jueces a éste. Áyax 1 quiso vengarse y planeó un ataque contra el ejército, pero Atenea le hizo perder la razón, y terminó masacrando rebaños y pastores a quienes tomó por aqueos. Cuando volvió a su sano juicio, se dejó caer sobre la espada que Héctor 1, su enemigo, una vez le regalara.
El arco de Filoctetes
Mientras tanto Filoctetes, en lugar de estar en Troya peleando, había pasado años en Lemnos, utilizando el arma mortal que una vez recibiera de Heracles 1, no para matar troyanos, sino para cazar pájaros que, transformados en comidas, lo sustentaran. Pues el ejército lo había abandonado en aquella isla, vestido como un mendigo, y con escasos víveres.
Se vaticinaba ahora que no se podría tomar a Troya si no volvía Filoctetes con el Arco de Heracles 1. Se enviaron entonces emisarios a Lemnos, con la misión de ir a buscar al hombre que el ejército había abandonado en razón de su atroz herida, y reintegrarlo a la guerra junto con su arco (véase abajo Condiciones para tomar a Troya).
Muerte de Paris
Convencieron u obligaron a Filoctetes a ir a Troya. Al llegar fue curado por Podalirio o por Macaón (ambos hijos de Asclepio). Ya en combate, Filoctetes asaetó a Paris, que seriamente herido por una flecha envenenada regresó a donde Oenone 1 (su primera mujer en el Monte Ida). Pero ella, todavía recordando su traición, se negó a curarlo y lo dejó morir.
Más condiciones para tomar la ciudad
Como el tiempo pasaba y la ciudad seguía en pie,
añadieron los adivinos más condiciones para
tomarla.
Se dijo ahora que era imprescindible conocer los oráculos que protegían la ciudad. Para obtenerlos, capturaron los aqueos al adivino troyano Héleno 1, obligándolo a cantar. Lo que este adivino reveló llevó a que se recuperara el Hueso de Pélope 1, a que se trajera a Neoptólemo a Troya, y a que Odiseo robara el Paladio
El CABALLO DE MADERA
Al fin, Odiseo concibió una estratagema que
permitió tomar la ciudad.
Derribando árboles en el Monte Ida, obtuvo Epeo 2 el material que precisaba para construir un CABALLO DE MADERA, hueco en su interior y con una entrada en un costado. Siguiendo las instrucciones de Odiseo, los aqueos introdujeron a los mejores guerreros en este peligroso artefacto, designando como jefe al mismo Odiseo. Luego grabaron en el caballo una alevosa inscripción:
«Para su retorno a
su hogar, hacen los Aqueos esta ofrenda y se la dedican a
Atenea.». (Apolodoro, Biblioteca
«Epítome» 5.15).
Así simularon los aqueos que desistían de su empresa. Al día siguiente los troyanos encontraron desierto el campamento aqueo, y creyendo que habían huído, arrastraron el caballo y lo pusieron junto al palacio de Príamo 1 mientras discutían lo que harían con él.
La adivina Casandra declaró que había una fuerza armada en su interior, pero como sus vaticinios estaban destinados a no ser creídos, nadie le dio crédito. Confirmó el adivino Laocoonte 2 lo que ella decía, pero lo mataron, en ese momento, ciertas serpientes. Resultó que la mayoría deseaba que se conservara el CABALLO DE MADERA, y ese deseo se respetó.
Puertas abiertas
De esa manera introdujeron los troyanos al enemigo en la
ciudad. La flota le encargó a Sinón, a quien
los aqueos dejaron atrás cuando simularon su
retirada, que hiciera señales con una almenara. Dicen
que la propia Helena veló esa noche en su alcoba,
haciéndole señales a la flota para guiarla en
su regreso. Pues con el CABALLO DE MADERA dentro de la
ciudad, pronto se abrirían las puertas y los aqueos
harían su ataque definitivo.
Los que estaban dentro del artefacto esperaron a que los
troyanos se durmieran para salir del caballo.
Empuñando sus armas, iluminaron los muros y le
abrieron las puertas al resto del ejército, que ya
había desembarcado, retornando de su escondrijo en
Ténedos, la pequeña isla frente a la
Tróade.
El saqueo de Troya
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Sacan a Casandra arrastrada del templo en la noche en que cayó Troya
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Procedieron los aqueos a masacrar a la gente en sus
camas.
Neoptólemo mató al rey Príamo 1. Áyax 2 aprovechó la confusión para violar a la princesa Casandra, que se abrazaba a la imagen de madera de Atenea, la cual cayó de su pedestal al ser arrastrada la princesa fuera del santuario.
Al pequeño Astianacte 2, hijo de Héctor 1 y Andrómaca, lo masacraron tirándolo desde las almenas, y a Políxena 1, hija de Príamo 1, la sacrificaron sobre la tumba de Aquiles.
Casandra y Andrómaca fueron dadas, como distinguidos premios, a Agamenón y Neoptólemo respectivamente, mientras la reina Hécuba 1 zarpaba, en calidad de sirvienta, con Odiseo. Al llegar al Helesponto, se arrojó la reina al mar, convirtiéndose, según dicen, en una perra.
Menelao llevó a Helena a las naves luego de matar a Deífobo 1, que se había casado con ella al morir Paris. Los hijos de Teseo, Demofonte 1 y Acamante 1, liberaron a Etra, madre de Teseo, que años atrás había sido dada a Helena como esclava.
Una vez repartido el botín, los aqueos incendiaron
la ciudad.
«... Las llamas
que la consumieron nunca se consumirán.»
(G. K. Chesterton).
Lo que ganaron fue, más que nada, fama
Luego de una década de esfuerzos, Troya fue destruída y los JEFES AQUEOS pudieron volver a sus hogares, los cuales, sin embargo, ya no existían como antes, habiéndose transformado en focos de sedición, revueltas y traiciones. Algunos no retornaron jamás, pereciendo durante el viaje en razón de las tormentas y vientos adversos que los dioses desataron para castigar el saqueo de los templos y la violación de Casandra por Áyax 2 en el sagrado recinto de Atenea. Otros sufrieron muchas y largas dificultades antes de volver a sus casas (véase el Mapa «Retorno de los Jefes Aqueos»). |