Document belonging to the Greek Mythology Link, a website created by Carlos Parada, author of Genealogical Guide to Greek Mythology

Your text link here
www.yourdomain.com
Three lines, 176 x 39 px.

Feme (Fama)


English



Fama



Feme es Fama, la irreprimible voz que disemina rumores e informaciones entre los seres humanos.

Aspectos básicos de la fama

Los dimes y diretes que los mortales intercambian bajo la forma de rumores, son divulgados por Feme, llamada por algunos mensajera de Zeus. Feme, cuyos ojos nunca vence el sueño, es una criatura veloz con muchas lenguas y oídos. A Feme poco le importa la naturaleza de los rumores que propaga o si suenan mal o bien, y puede que sea por esta razón que le ha sido prohibido entrar en el pacífico mundo del cielo. En cambio, no siendo ella ni un espíritu de ese mundo ni tampoco del infierno, habita bajo las nubes, perturbando la tierra con la agitación y el pánico que sin cesar desparrama.

Proveedora de cédulas de identidad

Pese a que en el cielo es considerada infame y pese a que es por su culpa que ciudades enteras se ven sumidas en el desconcierto, muchos mortales aman a Feme. Porque es gracias a ella que muchas cosas se hacen conocidas y los mortales alcanzan la celebridad. Es por ello que los dones de Feme se reciben con reverencia, siendo ella misma invocada—como una especie de garantía o cédula de identidad —por quienes se sienten elevados por ella. De otra manera no habría dicho Eneas:

"Yo soy el piadoso Eneas, que trae en sus naves los penates arrebatados al enemigo y cuyo nombre la fama ha extendido hasta los cielos." (Eneas a Afrodita disfrazada. Virgilio, La Eneida 1.378).

La Fama puede ayudar en la desgracia

Y si las piedras pudieran hablar, pronunciarían palabras similares. Pues quien ha sido elevado por Fama se ve a si mismo como afortunado y se alegra cuando su nombre es pronunciado por las lenguas de otros mortales o escrito por sus manos. El mismo Eneas, aún cuando sufría su desgracia luego de la caída de Troya, dejó que su alma se regocijara contemplando los frescos cartagineses que representaban la Guerra de Troya, pues en ellos podía ver las batallas en que él mismo había combatido, a la vez que una señal de que los ciudadanos de Cartago podían ser proclives a compartir su destino y ayudarlo, ahora que se había convertido en un infortunado exiliado. Es por ello que, dirigiéndose a su compañero Acates 1, le dice para consolarlo:

"No temas ya; esta fama nos reportará sin duda la salvación." (Eneas a Acates 1. Virgilio, La Eneida 1.463).

Salvación y perdición

Sin embargo, como a la Fama no le importa el bien o el mal, lo que es salvación para algunos, significa perdición para otros. Pues fue la Fama quien, vistiendo el atuendo de las pruebas falsas y el testimonio malintencionado, puso fin a los días de Palamedes en Troya. Porque cuando la malicia de Odiseo diseminó los rumores que llegaron a oídos de los Jefes Aqueos y sus soldados, éstos—creyendo al intrigante y sin importarles un comino la verdad de las acusaciones —lo lapidaron como a un traidor, aunque era la inocente víctima de una conspiración.

La adversidad como precio de la Fama

«Tu fama de adivina ha llegado a nuestro conocimiento; pero aquí no precisamos profetas.» (Los Ancianos de Argos a Casandra. Esquilo, Agamenón 1099).

«… la bella fama es incierta, y nada garantiza que la prosperidad no se transforme en desgracia.» (Polimestor 1 a Hécuba 1. Eurípides, Hécuba 956).

«Héctor está muerto y terminado, pero todavía permanece su fama del más valiente entre los valientes, y ese es el resultado de la venida de los aqueos; pues si se hubieran quedado en sus casas, la valía de Héctor habría pasado desapercibida.» (Casandra. Eurípides, Las Troyanas 395).

«Cuántos miles de Don Nadies hay a quienes la Fama ha hinchado con importancia y autoridad. Que bendiga el cielo al hombre cuya espléndida reputación se basa en la verdad; pero si vive de mentiras, yo no me engaño. La Fama esconde un tejido vano de pretensión y buena suerte.» (Andrómaca a Menelao. Eurípides, Andrómaca 320).

"Fame is the spur that the clear spirit doth raise
(That last infirmity of nobler mind)
To scorn delights, and live laborious days."

(John Milton, 1608-1674).

"….
O Fame!--if I e'er took delight in thy praises,
'Twas less for the sake of thy high-sounding phrases,
Than to see the bright eyes of the dear one discover
She thought that I was not unworthy to love her.
There chiefly I sought thee, there only I found thee;
Her glance was the best of the rays that surround thee;
When it sparkled o'er aught that was bright in my story,
I knew it was love, and I felt it was glory."
(Lord Byron, 1788-1824, All For Love).

«El que os diga que escribe, pinta, esculpe o canta para propio recreo, si da al público lo que hace, miente; miente si firma su escrito, pintura, estatua o canto. Quiere, cuando menos, dejar una sombra de su espíritu …» (Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, iii).

«Cuando las dudas nos invaden y nublan la fe en la inmortalidad del alma, cobra brío y doloroso empuje el ansia de perpetuar el nombre y la fama, de alcanzar una forma de inmortalidad siquiera. Y de aquí esa tremenda lucha por singularizarse, por sobrevivir de algún modo en la memoria de los otros y los venideros …Cada cual quiere armarse, siquiera en apariencia … El hombre suele entregar la vida por la bolsa, pero entrega la bolsa por la vanidad. Engríese, a falta de algo mejor, hasta de sus flaquezas y miserias, y es como el niño, que con tal de hacerse notar se pavonea con el dedo vendado.» (Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, iii).

«El cielo de la fama no es muy grande, y cuantos más en él entren, a menos toca cada uno de ellos.» (Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, iii).

Pese a estos infortunios, los seres humanos aman la Fama, cuyas dádivas embriagan el corazón, y se someten gustosos a ella aún cuando la ven aparecer acompañada de la Ruina y la Muerte:

"… si Dios no nos hubiera nunca derribado y aplastado bajo la tierra, habríamos desaparecido sin fama alguna; nunca habríamos sido evocados en himnos, ni habríamos sido motivo del cantar de la posteridad." (Hécuba 1, reina de Troya. Eurípides, Las Troyanas 1240).

Fama e inmortalidad

Pues muchos creen que la preciada inmortalidad depende de la Fama; y mientras son pocos los que anhelan la aniquilación, el resto abriga la esperanza de que la fama los hará célebres con posterioridad a su muerte, suponiendo que el ser recordado es lo mismo que ser inmortal. Sin embargo nunca se ha dicho de la Fama—a quien el cielo le ha sido prohibido—que ella hubiera concedido la inmortalidad a nadie. Cierto es que no han faltado quienes le han acreditado cierta influencia en este asunto, ya que dicen:

"Fama de los viejos tiempos, y tú, oscura Antigüedad, cuya preocupación consiste en recordar príncipes e inmortalizar la historia de sus vidas…" (Estacio, Tebaida 4.32).

Pero si la Fama pudiera conceder la inmortalidad—como algunos parecen creer—entonces podría deducirse que el más famoso sería más inmortal, lo cual no puede concebirse sin aceptar que hubieran varios grados de inmortalidad, tal como hay varios grados de Fama. Pero estos serían en realidad grados de mortalidad—más que de inmortalidad—y no podrían ser inmortales por grados quienes viven en el reino absoluto del cielo. Por otra parte la Fama—no pudiendo habitar en el cielo y viviendo sólo un poco más arriba de la tierra—trata las cosas en términos puramente relativos, es decir, por grados.

Nike: apuntala a la Fama


Fama y Victoria

Otros han pensado que la gloria imperecedera se alcanza por vía de la celebridad que se deriva de la Victoria:

"…los frutos de la Victoria—portadora de la gloria—nutren—para unos pocos hombres—a la dorada y conspicua Fama en el correr de sus vidas; y cuando la tiniebla de la muerte los envuelve, la imperecedera gloria de sus grandes obras permanece, pues tiene su destino asegurado." (Baquílides, Odas 13.58-66).

Pero también se ha señalado que la Victoria no necesariamente produce la mayor Fama. Pues la Fama—se argumenta—que les fue concedida en la derrota a los que perecieron defendiendo las Termópilas en tiempos ya históricos, fue mayor que aquella que muchos obtuvieron al ser favorecidos por la Victoria; por ello dicen que los valientes son juzgados

"… no por el resultado de sus acciones, sino por el propósito que los anima; en el primer caso la Fortuna resuelve, en el otro es el propósito que obtiene aprobación." (Diodoro de Sicilia 11.10.4).

Inmortalidad otra vez

De cualquier manera—algunos piensan—no hay nada que los humanos deseen más que su propia preservación y la inmortalidad, puesto que muchos sufren al ver como el cuerpo es erosionado por la Vejez y luego desintegrado por la Muerte, en tanto que el alma resulta afectada de maneras inexplicables. Así es que—teniendo a la inmortalidad como objetivo—no pocos se dedican a obtener Fama:

"… no lo dudes, Sócrates, y si quieres reflexionar ahora sobre la ambición de los hombres te parecerá su conducta poco conforme con estos principios, si no te fijas en que los hombres están poseídos del deseo de crearse un nombre, de adquirir una gloria inmortal en la posteridad …" (Sócrates citando a Diotima. Platón, Symposio 208c).

Y para alcanzar ese renombre—se agrega—no pocos están dispuestos a correr todos los riesgos que se requieran: invertir dinero, realizar cualquier tarea y aún sacrificar sus vidas. Pero otros—también se señala—, sintiéndose ligados a sus cuerpos, se preocupan menos de la Fama y buscan la inmortalidad a través de la procreación, viendo en la descendencia su propia memoria eterna. Aún así, estos últimos tampoco están desprovistos por completo de la ambición de celebridad:

"¿Qué, sin duda, puede ser más noble adorno para los hijos que la hermosa fama de un padre exitoso, o para un padre que la de sus hijos?" (Sófocles, Antígona 704).

Impostor definido

En otras ocasiones, sin embargo, la Fama no ha sido considerada como la proveedora de la inmortalidad sino como una infame impostora, siendo brevemente definida así:

"… de todos los males, el más veloz." (Virgilio, La Eneida 4.174).

Dice tanta verdad como falsedad

La Fama—así lo afirman—deriva su fortaleza de la rapidez, incrementando su vigor a medida que avanza. Al igual que Eris (Discordia), es pequeña al comienzo, pero muy pronto—aunque aún con los pies sobre la tierra—su cabeza alcanza las nubes. Algunos dicen que Gea (Tierra) creó a este monstruo grotesco—su último vástago—estando enojada con los dioses, y que puso un ojo que nunca duerme bajo cada una de sus muchas plumas. Y por cada ojo, tiene la Fama una lengua, una voz y un oído. Y como nunca duerme, revolotea entre la tierra y el cielo día y noche, aterrorizando ciudades y noticiando todo tipo de verdades y falsedades.

Gran legisladora

Aunque a la alada Fama nada le importan sus propias palabras y rumores, muchos prestan cuidadosa atención a sus melodías y—como si fueran pájaros parlanchines—las repiten sin reflexionar, regodeándose con el escándalo y los chismes. De esa manera aniquilan su propia capacidad de discernimiento, no pudiendo ya distinguir entre realidad y ficción.

De igual manera, son muchos los mortales que anhelan todo aquello que la Fama ha declarado ser la última invención genial: un vestido, una danza, una melodía, un licor, una opinión, o cualquier otro dispositivo de cualquier clase, que ella siempre presenta como algo nuevo, único e increíble.

Así es que, por medio de la Fama—que viaja transportada de boca en boca—muchos se visten como ella lo dictamina, comen y beben tal como ella lo ordena, se divierten de acuerdo a como ella lo prescribe, piensan como ella lo resuelve, y aman u odian como ella lo decide. Es en razón de estas circunstancias que se puede decir que la Fama es uno de los más grandes legisladores, dado que no hay aspecto de la vida social que ella no gobierne, pudiendo convertir a cualquier cosa o persona en algo o alguien célebre, por ser o por no ser, por tener o por no tener, por hacer o por no hacer. Y si acaso alguno ignorara sus mensajes, se le miraría como a un bárbaro o como a alguien desprovisto de entendimiento o como a uno que fuera incapaz de entender palabras claras y simples.

Se le escucha con devoción

De acuerdo con su naturaleza, la Fama causa—no rara vez—tumulto y sorpresa; pues puede empezar hablando de casamientos y fiestas y terminar contando historias de asesinatos y guerras. Y a muchos no les importa de qué tema se habla siempre y cuando sea la Fama la que tiene la palabra; y si ocurriera que se quedara callada—por un corto instante, o acaso dos—la aguijonearían para que hablara, ya fueran verdades o falsedades. Tal es el poder de la Fama, siempre agitando sus plumas y logrando de sus oyentes atención y devoción.

Apenas esboza sus historias

Dicen que al comienzo, los mortales desprecian a la Fama, pero como de todas maneras la aprecian, ella al final los posee a todos y gobierna sus lenguas como le apetece; así se conciben toda clase de cuentos: de ruinas y de riquezas, de paz y de guerra, o de cualquier otro tipo. Y la Fama no necesita más que esbozar cada historia, ya que otros—como la Envidia—fácilmente los redondearán.

Fama y Riqueza

La Fama—dicen algunos—sigue a menudo a la Riqueza (Pluto):

"… si un dios me concediera abundante riqueza, es mi esperanza el obtener una elevada fama en el porvenir." (Píndaro, Píticas 3.110).

Pero de la misma manera como la Fama sigue a la Riqueza, ésta última—así como el poder y el honor—la siguen a ella. Debido a esto, no pocos tienen ansias de alcanzar la Fama; pues saben que esta diosa no ignora a nadie por principio, dado que nada le importa de la posición o profesión de su beneficiario.

No le importan los propósitos

Y como tampoco le importan los propósitos de cada uno, algunos se vuelven famosos por sus habilidades o por ser benefactores de la humanidad, mientras que otros se vuelven célebres en razón de sus extraordinarios fraudes, o gracias a los dispositivos mortales que su inteligencia produjo, o por haber superado todas las marcas anteriores en el campo de la criminalidad. Y cuando la Fama llega, nadie la rechaza; pues tanto el bueno como el malvado suponen que la merecen como recompensa por la grandeza u originalidad de sus obras, ya sea que éstas hayan sido dirigidas a servir la vida de los seres humanos o a destruirla.

Brillante como el lucero del alba


El genio de la Fama


No es infrecuente que algunos razonen que lo que importa es lograr alguna gran realización—buena o mala—de manera que la Fama les garantice recordación, a la cual confunden con la inmortalidad:

"Hay honor en aquellos cuya fama un dios hace crecer frondosamente cuando ya están muertos" (Píndaro, Nemeas 7.30).

Vista de tal forma la Fama no es un monstruo grotesco sino un ser hermoso que cuando despierta (pues hay quien cree que puede adormecerse),

"… su cuerpo resplandece maravillosamente a la vista, como el lucero del alba entre las demás estrellas." (Píndaro, Ístmicas 4.20).

Envidiando a la Fama

Por esta y otras razones, la Fama es el objeto de la codicia de muchos que desean ser poseídos por ella. Y en la medida que no consiguen adquirir nombradía, puede que opinen que la causa de la celebridad de otros no se encuentra ni en ellos mismos ni en sus méritos, sino en circunstancias casuales:

"Ya sabes la respuesta que dio Temístocles a aquel habitante de Sérife, que le echaba en cara que debiese su fama a la ciudad en que había nacido, antes que a su propio mérito: 'Cierto—repuso—, que si fuera yo de Sérife no sería conocido; pero tampoco lo serías tú más, de haber nacido en Atenas." (Platón, La República 329e).

Así—mediante las palabras de un hombre famoso—Sérife vio incrementarse, en algunos grados, su propia fama.

Lugares insignificantes se vuelven famosos

Pues lugares insignificantes pueden también adquirir notoriedad, y en función de ésta recibir legiones de visitantes que esperan ser tocados, de alguna manera, por las alas de la Fama. Así localidades desconocidas o pequeñas se remontan a los cielos, siendo recordadas a través de las épocas, en virtud de los acontecimientos que en ellas acontecieron:

"Cafereo en Eubea se hizo famoso a causa de la tormenta que sorprendió a los Aqueos y Agamenón cuando regresaban de Troya." (Pausanias, Descripción de Grecia 4.36.6).

Y cuanto mayor la catástrofe más renombrado será el lugar, porque la Fama prefiere lo enorme a lo ya grande y se preocupa más por miles de muertos que por sólo unos pocos, y más por aquellos que ya se cuentan entre sus favoritos que por un don nadie.

Poderosa deidad que da esperanza

Por todo ello la Fama—que tiene el poder de convertir lo pequeño en grande y lo grande en enorme—no puede ser ni ignorada ni subestimada. En consecuencia lo que ella dice se escucha con cuidado y se repite como si fuera una plegaria; pues ella parece transformar la naturaleza misma de las cosas, siendo capaz de convertir en una estrella brillante lo que antes era insignificante y opaco. Y en la medida que se la considera la enemiga del olvido, es apreciada por todos aquellos que valoran la recordación y por quienes piensan que lleva bajo sus alas la llave de la inmortalidad, que distingue los dioses de los hombres.

Tal es la naturaleza de esta deidad; y su poder entre los mortales es prácticamente ilimitado, excepto en la esfera de la intimidad y confianza verdaderas.


Linaje

Progenitores

Gaia.- (sola)


Sources
Abbreviations

Hom.Il.2.94; Nonn.18.1, 44.123, 47.1; Pau.1.17.1; Stat.Theb.2.205, 3.426, 4.32, 4.369, 6.2, 9.32; Val.2.116ff, 2.141, 5.82; Vir.Aen.2.82, 4.173ff, 9.473.





Biographies | GROUPS | Places & Peoples | Dictionary | Images | Albums | Topics | Search | Downloads

This page belongs to the Greek Mythology Link, a web site created and maintained by Carlos Parada. Except stated otherwise, the material in this site is copyright © Carlos Parada & Maicar Förlag 1997. About, Additions, Backups, Yahoo Group, Addresses, Contact.