Puede que Prometeo haya inventado el arte de combinar las letras para beneficio de la humanidad (como Esquilo lo hace afirmar). Pero no lo habrá hecho tanto por amor a los hombres, como por el disgusto que le causaba el nuevo soberano del Cielo. Porque Prometeo, siendo como era cierto tipo de divinidad, no pudo haber ignorado la presteza con que los hombres pondrían el don recibido al servicio del fraude, la calumnia o la traición, empleándolo además para escribir manuales cuya virtud consiste en provocar desgracias y destrucciones de toda índole. Cierto es que también les otorgó el útil fuego, pero los hombres no quemarían los malvados manuales con el mismo ahínco con que se cocinan mutuamente con él. Ahora bien, si Prometeo no podía ignorar tales cosas, su mente debe haber estado trastornada... Y así, el juicio que se dice otorgó a la humanidad, deberá padecer del mismo defecto que el suyo propio, ya que nadie puede enseñar un juicio superior al que posee.
«Siguió después la de los números, la más importante de las ciencias que para ellos (los hombres) inventé, así como la composición de las letras, memoria de todas las cosas, madre de las Musas.» (Prometeo 1 a las OCEÁNIDAS. Esquilo, Prometeo encadenado 459).
|
|
Si dejamos eso y nos referimos al
logógrafo Heródoto, «el padre de
la historia», nos enteramos (5.58.1) que fue
Cadmo el que introdujo el alfabeto en la
Hélade, cuando llegó ahí con
un contingente de fenicios. Los griegos adoptaron
entonces las letras fenicias, y aunque
después modificaran sus formas, siguieron
llamándolas «fenicias», lo cual
eraal decir de Heródoto«bastante justo»,
considerando que habían sido los fenicios
los que las introdujeron en la Hélade.
¿Quién les dio las letras a los
fenicios? El autor no lo dice, pero la
erudición moderna confirma lo esencial de su
relato. Por ejemplo, dice el Oxford
Classical Dictionary :
«Las
variantes del alfabeto local comunes en la Grecia
temprana se derivaron todos, en última
instancia, de una fuente fenicia (semita), que debe
haber llegado al Egeo, ayudada por el comercio,
seguramente en la segunda mitad del siglo
octavo..." (sub voce ALPHABET).
Ahora bien, el mitógrafo Higino cuenta
(Fábulas 277), a modo de
introducción, que las MOIRAS inventaron
siete letras griegas (de las cuales sólo
seis se ven en su texto): Alfa, Beta, Eta, Tau,
Iota e Ípsilon. Luego relata que otras
fuentes afirman que Mercurio (Hermes)
concibió las letras al observar que las
grullas las describen al volar. Después dice
Higino que Palamedes inventó once letras,
Simónides cuatro (Omega, Épsilon,
Dseta y Fi), y Epicarmo de Sicilia dos (Pi y Psi).
Dice además que las letras que Cadmo
introdujo en la Hélade, las había
encontrado en Egipto, en donde Hermes las
había llevado.
Sin embargo, según Isidoro de Sevilla
(Etimologías I.iii.4-6), las letras
egipcias fueron concebidas por Isis (Ío),
cuando emigró de la Hélade a Egipto.
Dice que Cadmo trajo a la Hélade diecisiete
letras (Alfa, Beta, Gamma, Delta, Épsilon,
Dseta, Iota, Kappa, Lambda, My, Ny, Ómicron,
Pi, Ro, Sigma, Tau, y Fi). Tiempo después
agregó Palamedes tres más (Eta, Ji y
Omega), y el lírico Simónides otras
tres (Psi, Xi y Theta).
Por la combinación de las letras, se hace
posible, como enseña Prometeo, la «memoria de todas las
cosas». También Heródoto
escribe su tratado con la esperanza de «que no llegue a desvanecerse
con el tiempo la memoria de los hechos
públicos de los hombres» (1.1).
Pues para Heródoto la memoria puede ser
colectiva y externa. Sin embargo, para
Platón la memoria es individual y, por lo
tanto, interna, como muestra en la controversia de
su Fedro, en el que representa al dios
Thamus, soberano de Egipto, amonestando al dios
Theuth, inventor de la escritura:
«Y ahora
tú, precisamente, padre que eres de las
letras, por apego a ellas, les atribuyes poderes
contrarios a los que tienen. Porque es olvido lo
que producirán en las almas de quienes las
aprendan, al descuidar la memoria, ya que,
fiándose de lo escrito, llegarán al
recuerdo desde fuera, a través de caracteres
ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por
sí mismos. No es, pues, un fármaco de
la memoria lo que has hallado, sino un simple
recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo
que proporcionas a tus alumnos, que no verdad.
Porque habiendo oído muchas cosas sin
aprenderlas, parecerá que tienen muchos
conocimientos, siendo, al contrario, en la
mayoría de los casos, totalmente ignorantes,
y difíciles, además, de tratar porque
han acabado por convertirse en sabios aparentes en
lugar de sabios de verdad.»
(Sócrates narra esta historia en el Fedro de Platón, 275b).
|